La croqueta Coqueta
Érase una vez una croqueta de pollo que había sido cocinada por Doña Francisca en su reformada cocina de la casa situada en la Calle Del Pañuelo número 8 de Benimuslem.
Esa croqueta no tenía nombre pero Doña Francisca la vio tan estupenda y esplendorosa que le llamó Coqueta. La croqueta Coqueta.
Era de una forma esponjosa e irresistible, tan bonita que la cocinera que la había cocinado decidió guardarla como un trofeo en lugar de dársela a su nieto Manolito para comer.
Pero Manolito llegó del cole con mucha hambre y Doña Francisca le puso su plato de croquetas delante. Cogió varias de un puñado y se las metió en la boca. Manolito era un tragón.
De repente, cuando hubo terminado, se giró hacia la encimera y vio en un plato una croqueta hermosa y reluciente, la última que quedaba. Doña Francisca estaba en el baño, sentada en el retrete mientras hacía crucigramas. Manolito se levantó corriendo a por ESA croqueta tan coqueta.
Sí, era ella y se acercaba su fin. Pero Doña Francisca se acordó de ella y rauda y veloz se levantó de su higiénico asiento y fue corriendo a la cocina a rescatarla de las fauces de su nieto.
Manolito se quedó con cara de pasmado y Coqueta pudo sobrevivir rebozada de alegría.

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